Entrevista a un docente de Filosofía

Entrevista a Rogelio Perez Gabrid.

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Docente de Filosofía en el IES García Morato.
Tras haber trabajado en varios institutos de España, actualmente se encuentra en el IES García Morato, Madrid.
Debido a los recortes es el único profesor encargado del departamento de Filosofía e imparte clase a todos los cursos, ESO y Bachiller. Además, es el tutor de una de las clases, por lo que tiene que hacer numerosas tutorías con los padres de sus alumnos y representar a su clase en las reuniones de profesores, nos cuenta. 

Para empezar esta entrevista le preguntamos por sus comienzos como filósofo y qué fue lo que le hizo llegar hasta donde está hoy día…

¿Qué te motivó a estudiar filosofía?
En aquel momento había varias opciones que me atraían y me decidí por la Filosofía porque representaba un campo amplio donde había aspectos muy distintos de las humanidades.
La filosofía, aunque tiene pocas salidas profesionales, en un mundo tan pragmático y productivo como el nuestro, sigue siendo un ámbito mucho más acogedor que otros estudios.
Yo la estudie por realización personal. No te puedes dejar influir por la simpatía o desapego con el profesor que te dió clases.
Un error común de metonimía lleva a asimilar la parte por el todo, el profesor con la materia.
Estudiar Filosofía es necesário para todas aquellas personas que sientan inquietudes por la vida, personas inconformistas que no encuentran una solución en las respuestas sencillas que nos damos comúnmente. Personas que son como las piedras que arrojamos al mar, que son arrastradas al fondo de sus pensamientos hasta llegar a lo más profundo, donde al fin encuentran el reposo que buscaban.

¿Qué aporta la Filosofía y por qué crees que es necesaria en nuestras vidas?
La Filosofía nos concede el poder de conocernos a nosotros mismos. La necesitamos para aprender a vivir la vida. No hay recetas, las instrucciones las tenemos que ir construyendo y para filosofar sólo hace falta hacerse preguntas.
La Filosofía supone un desarrollo de la capacidad crítica que actualmente se está perdiendo. Los alumnos que tengo no son capaces de hacer una crítica o una opinión de un texto filosófico porque no están acostumbrados a su lectura.
Los jovenes de hoy en día no se preguntan el por qué de la moral, la ética o la estética y éstos son conceptos que la Filosofía nos enseña a valorar y a tener en cuenta.

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¿Cómo definirías el concepto “filosofar”?
La Filosofía y la Psicología tienden a unir la propia Filosofía con el desarrollo de habilidades de abstracción y razonamiento. El pensamiento es algo que no está tan jerarquizado y lo único que hace falta para filosofar es, sobretodo, una cierta apertura. Simplemente se trata de hacerte preguntas, poner en duda la realidad, crear conceptos y establecer diferencias.
El error está en pensar que al encontrar una respuesta se han acabado las preguntas.

¿Por qué o cómo decidiste que querías dedicarte a la docencia?

Es el mundo donde me encuentro bien, y donde me manejo con soltura; el mundo en el que siempre me he movido, el de la enseñanza. Me gusta compartir mi conocimiento con los demás, y, si es posible, enseñar y mostrar a quién me escucha -mis alumnos- las cosas tan buenas y gratificantes que puede aportarnos la Filosofía.

¿Cuáles crees que son tus mayores cualidades como profesor?

Quizá la curiosidad por aprender cosas… y mi paciencia.

¿Y tus debilidades?

El mismo hecho de tener paciencia provoca que los alumnos vean que no me enfado con facilidad y eso hace que en ocasiones puedan llegar a perder el hilo de la clase, abstrayéndose de ésta y entrando en su mundo fantástico, por lo que a mí me toca empezar de cero, ganarme de nuevo su atención y reconducir la clase.

¿Qué crees que aportas a la Educación?

Puede que un poquito de mi experiencia…

¿Llegan bien preparados los alumnos para lo que les tienes que enseñar?

Considero que se debe hacer incapié en capacidades primarias para cualquier materia como son la capacidad lectora o la de razonar.
Y específicamente para mi materia… esta asignatura tiene un importante seguimiento histórico, cuyo conocimiento creo que también es de baja calidad.

¿Has hecho algo para mejorar dichas carencias?
Procuró complemntar las clases con ejercicios de razonamiento.
También, como ya he contado, leemos muchos textos de diferentes autores filosóficos para ayudarles en su comprensión lectora. Además de utilizar videos.
También trabajamos con el aula virtual de EducaMadrid para, así, proporcionarles un tipo de enseñanza más visual, ya que pienso que esto hace que a los alumnos interioricen mejor el temario.

¿Cómo responden tus alumnos ante la Filosofía?
Muy bien. De hecho en Selectividad pueden elegir entre Filosofía e Historia y un gran número de ellos se decanta por mi asignatura.
Bueno, también cabe la posibilidad de que sea porque se ha corrido la voz que la gente suele sacar buenas notas, pero cada curso tiene sus cosas. A veces puede haber un buen corrector, y en otros puede que sea malo. Yo siempre soy el mismo pero el que me corrige no siempre lo es.

¿Qué metodología aplicas en clase?
Metodología Activo – Participativa, inductiva y expositiva .

¿Qué requisitos debe cumplir un alumno para aprobar su asignatura?
La Filosofía es muy importante para pensar y desarrollar los temas.
Ahora todo es tipo test y con preguntas cortas. Es una pena.
Yo, personalmente, en los exámenes les pongo comentarios de texto, que, una vez dados los contenidos del temario, espero, sepan desarrollar y les hago reflexionar sobre ellos.
Hacemos muchos de estos textos a lo largo del curso, y, finalmente, los examino de ello para ver si son capaces de desenvolverse solos.

¿Estás de acuerdo con la jornada escolar completa impartida por el Ministerio de Educación?
No, no estoy a favor, ya que pienso que puede llegar a ser agotadora y provoca que los alumos al final de la jornada lo único que quieren es terminar e irse.
Cuando llegan las últimas clases, los alumnos no están igual de receptivos que a primera hora de la mañana, lo que perjudica, tanto al profesor que imparte la clase, ya que requiere un mayor esfuerzo por conseguir la atención de sus alumnos, como en la calidad del aprendizaje.

¿En qué crees que van a afectar los recortes a la educación?
Los recortes en educación afectan, sin duda, y principalmente al aprendizaje de los alumnos. Y al rendimiento, al trabajo del día a día en el aula. Cuando se hagan las evaluaciones lo veremos, o a final de curso.
También, se reducen, o desaparecen, algunos programas educativos ,como compensatoria o diversificación, destinados a combatir el fracaso escolar y atender a los alumnos con mayores dificultades de aprendizaje, lo que supondrá que estos alumnos se vean obligados a abandonar el sistema educativo.
Por otro lado, el aumento de los alumnos y las bajas del profesorado suponen una menor capacidad de atencion individualizada…
Por supuesto que también nos afectan a nosotros, los profesores, ya que nos quedamos sin medios para desarrollar con normalidad el curso de nuestras clases.
Yo, por poner mi caso de ejemplo, soy una persona que, prácticamente, tiene que actuar como una máquina, ya que yo sólo me encargo del Departamento de Filosofía en el instituto en el que trabajo y doy clases a todos los cursos, ESO y Bachillerato.
Y, por si fuera poco, soy tutor de una clase de 2º de Bachillerato por lo que tengo que realizar tutorías con los padres de los alumnos, también con los propios alumnos para orientarlos de cara a la Selectividad, y tengo que representar a mi clase en las reuniones de profesores…
Al final, no tengo tiempo para todo… y, si lo tengo, acabo muy cansado por el esfuerzo que esto me supone.
Y bueno, en el ámbito universitario las tasas de la matrícula han aumentado notablemente.
Y esto debemos sumarlo a la reducción de becas que dificulta, incluso priva, a muchos padres el costear los estudios universitarios a sus hijos.
Además, el acceso a las becas se ha visto dificultado al aumentar la nota media exigida para poder mantenerlas.
Podría hacerte una larga lista enumerando todos los ámbitos educativos a los que los recortes afectan…

Mi primer año de Universidad

Tenía miedo. Sí, tenía miedo de empezar.
Después de haber estado siete años en el Instituto, conocer todos sus rincones, a todos y cada uno de los profesores, y a la gran mayoría de su alumnado, tenía miedo de empezar de cero en un sitio que no conocía, y sola.
Además, el Instituto lo tenía a 3 minutos de mi casa -y, a pesar de eso, todos los días llegaba tarde-. Ahora tenía que coger un autobús, y el metro, con, ni más ni menos, que dos transbordos. Y todo esto diariamente. Pero bueno, tenía que hacerlo, supuse que lo peor serían los primeros días, y que al cuarto conocería a alguien que me haría la estancia más amena.
Y así fue.
Hice mi trayecto de 45 minutos y llegué a Ciudad Universitaria, lugar que me daba buenos y malos recuerdos, ya que allí hice la Selectividad; malos porque recuerdo los nervios que llevábamos mis amigas y yo al tener que enfrentarnos a la “gran” prueba, la que todos temíamos, y buenos porque, al fin y al cabo, no fue tan malo e incluso pasamos buenos momentos. 
Todo salió bien y pude optar por la carrera de Periodismo. De hecho, aquí estoy ahora escribiendo la experiencia de mi primer año de Universidad. Increíble.
Una vez allí, me dirigí a la Facultad de Ciencias de la Información, y busqué mi clase mientras iba por los pasillos con la cabeza gacha y mirando de reojo a la gente.
Cuando entré en clase, hice como el resto, y me senté en una de los sitios que había libres. No hablé con nadie. Me limité a tomar apuntes y a asentir a los profesores.
En los intercambios de clase a clase me dedicaba a mirar el móvil fingiendo que tenía algo que hacer.
Y así fueron los días que siguieron al primero. Miraba a mi alrededor y comencé a ver grupitos que reían entre ellos. Llegué a pensar si ya se conocían de antes…
A mí no se me acercaba nadie, aunque tampoco yo lo intentaba.
No soy una persona rara, ni antipática, pero sí soy algo tímida y me costaba estrechar lazos con mis compañeros.
Llegaba a mi casa y no me sentía bien. Mi familia me preguntaba qué tal en la “uni” y yo siempre decía “Bien, bueno… Las clases bien, yo, como siempre, sola”
Por suerte, esto no duró mucho.
Conocí a Tatiana, ella era muy social y extrovertida, así que no tardamos mucho en empezar a tener relación, y ella me presentaba a otras compañeras que ya había conocido. Poco a poco me iba integrando.
Hasta el día de hoy, que, aunque parezca mentira, tengo mi grupito de amigas, a las que muchas tardes doy la lata por el whatsapp.
Ahora, el ir a la Universidad no es una tortura. Unas veces se va más cansada que otras, con sueño o sin ganas de dar las clases de ese día. Pero le he empezado a coger el gustillo. Estoy comoda, y a día de hoy, puedo decir que la Universidad me gusta.
Centrándonos en mi Facultad, muchos dicen que es vieja -y lo es- pero yo soy de las que piensa que tiene su encanto. Sí, por fuera es sobria y gris. Pero una vez dentro se aprecia la ilusión de los futuros periodistas, cada uno con su tema, hablando en grupo y riendo.
Además, cada planta está pintada de un color. La mía, la cuarta, es morada.
Sin duda, lo que más me gusta de ella es su aspecto de salón de cine. Cada dos semanas, o un poco más, se hacen pre-estrenos de películas, tanto españolas, como internacionales, y empapelan la Facultad con los posters promocionales. Me gusta entrar por las mañanas y sorprenderme con cuál será la próxima película que podremos ver “antes que nadie”.
A pesar de ello, no he ido a muchos pre-estrenos, ya que en muchas ocasiones coinciden con el horario de clases.
Y ya que mencionamos las clases… ¿Qué decir de ellas?
Algunas te gustan más, otras menos. Para gustos los colores, como en todo, supongo.
Pero cada una de ellas le aporta algo diferente al Periodismo, y yo estoy aquí porque quiero ser periodista, así que debo empaparme de cuantos más conocimientos, mejor.
Desde luego, si todos los años que me quedan por delante, son como el primero, la Universidad mola, mola mucho.

Mi comida favorita

Me gusta mucho comer, pero no cualquier comida, me gusta la comida de mi madre. descarga (2)
Como a todos, me encanta ir a comer a algún restaurante, de vez en cuando, pedir de menú y que te sirvan la comida con una presentación digna de admiración, pero, para mí, donde esté la comida de mi madre que se quiten todos los cheffs del mundo. Aunque, es cieto, que he de hacer una excepción, puesto que adoro ir a un restaurante de mi barrio, el Lavinia.  Esta adoración es por un plato en concreto, porque, ha decir verdad, no he degustado ni la tercera parte de la carta, ya que siempre que voy allí siempre pido lo mismo, ya casi me leen la mente. “Hola, quiero una sartenada de huevos estrellados y jamón, lo de siempre”. Riquísimo.

 

Cuando se da la ocasión de salir a comer o a cenar cotorititttn los amigos y tenemos que decidir dónde ir, ellos ya saben que pelearé para que la opción que se proclame ganadora sea el Lavinia, y así poder degustar mi amada sartenada, importándome bien poco el menú del día o la especialidad de la casa…
Volviendo a la comida “casera”, algo que me vuelve loca (y de sólo pensarlo ya se me hace la boca agua) es la tortilla de patatas, la tortilla de patatas de mi madre. Es especial y si por mí fuera la comería todas las semanas, todos los días…
Si mi madre quiere tenerme contenta o darme una sorpresa, ya sabe lo que tiene que hacer: Recurrir a su tortilla de patata, y es que, no es broma, la alegría que me produce el saber que voy a comer su tortilla es similar a la de ganar la lotería. Sí, quizá exagero… Pero me encanta.
Seguramente, casi todo el mundo sabrá cuáles son los ingredientes de una tortilla de patata (patatas -como el nombre indica-, huevos, cebolla…) y su procedimiento:

1. Pelamos y cortamos las patatas. Troceamos una cebolla.
2. Ponemos el aceite a calntar y cuando esté muy caliente se echan las patatas y la cebollas.
3. Se pone el fuego a tope, y cuando las patatas ya estén doradas, se baja el fuego para que queden blanditas por dentro.
4. Se le añade sal.
5. Cuando estén echas se retira y se colocan en un plato.
6. Se baten 4-5 huevos y se le añade un poco de sal.
7. Vertemos las patatas, junto a la cebolla, en el huevo y se deja reposar.
8. A continuación, ponemos una sarten con muy poco aceite a calentar, y cuando esté caliente, se añade todo junto.
9. Esperamos a que cuaje.
10. Cuando va cogiendo forma, se da la vuelta a la tortilla y la dejamos unos 2-3 minutos, y ya tendríamos la tortilla deseada.

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Es en este último paso es cuando a mi madre le entra el pánico, y es que, un día tuvo un accidente y vió cómo todo “el intento de tortilla” se esparcia por el suelo, ya que se rompió la sartén y se quedó con el mango enla mano. Como no, allí estaba yo “Mamá, no pasa nada, si hace falta nos la comemos del suelo…” No por darla ánimos, a pesar de que todo su esfuerzo se había ido al garete, sino porque allí estaba mi preciada tortilla…
Una vez expuesto el procedimiento de la tortilla de patatas, lo que me gustaría añadir es que estoy segura de que mi madre debe tener una receta secreta, es decir, algo mágico, un hechizo, una poción o… no sé, porque, como había dicho antes, es especial. Es diferente a todas las tortillas. Está extremadamente deliciosa. Eso sí, no queráis probarla porque las tortillas de mi mami son sólo mías. Sí, soy muy celosa.
Mi mama me mima.
Este primer año de Universidad, en el primer cuatrimestre tenía que quedarme a comer los Martes y los Jueves en la Universidad, ya que tenía clase de Relaciones Exteriores de 14h a 16h, y no me gustaba nada. Así que, muchos de esos días mi madre me los amenizaba haciéndome bocadillos de su rica tortilla.
Para que os hagáis una idea de lo mucho que me gusta, cuando sabía que tenía su bocadillo preparado, por mucho que me tuviese que quedar en la Facultad hasta las 16h, esperaba ansiosa desde primera hora de la mañana a que llegara la hora de la comida para hincarle el diente al bocadillo de tortilla de patatas…

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